Decano del Instituto de Teología,
dirigido al estudiantado del Instituto
en la ceremonia de inauguración del año lectivo 2001-2002
(Lunes 1 de Octubre de 2001).
Mis queridos,
“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida -la vida fue manifestada, y la hemos visto; y os testificamos y anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y nos fue manifestada, lo que hemos visto y oído lo anunciamos también a vosotros, para que vosotros también tengáis comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas escribimos nosotros para que nuestro gozo sea completo.” (1 Juan 1:1-4)
Queridos estudiantes:
Al comienzo del presente año lectivo y aunque esté ausente en el cuerpo, quiero hacerles extenso un cordial saludo pleno de amor junto con una palabra reconfortante.
En el Instituto de Teología San Juan Damasceno ustedes viven en comunión de amor, en encuentro de oración, en momentos de reflexión y días de renovación a través de la gracia de aquel por el cual ustedes se enrolaron a fin de que se les conceda la negación de vuestro egoísmo y crezcan en la vida del mandamiento divino.
Y ustedes están, además, en búsqueda del saber. Ese saber que se diferencia de cualquier otro sobre la tierra. Hablamos de la ciencia teológica la cual se vierte en abundancia sobre la mente iluminada y el corazón puro: “Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios.”
Este saber construye un puente fundamentado en otras ciencias y en las lenguas, reforzando todo a fin de llegar a la persona de Cristo.
Elevo mis oraciones al dador de la luz, quien ilumina y santifica todo ser humano que viene a este mundo a fin de que abra vuestras mentes y purifique vuestros corazones y que conceda la fuerza para que sean fieles al llamado que recibieron con toda fuerza y conciencia.
Perseveren en la oración. Respenten el legado. Caminen en el amor. Carguen mutamente con el peso de los otros. Vivan en la paz del Señor. Santifiquen el tiempo. Aprovechen bien el tiempo. No dejen que pase ningún día sin el Señor. Esfuercense en el estudio. Caminen en la luz. Hagan lo que es justo.
Les deseo a todos un año bendito, encomendándolos al Señor para que los proteja a cada uno de ustedes y los fortifique uno por uno para que crezcan en gracia y en estatura ante Dios y los hombres. Ustedes permanecen siempre en mis oraciones. Recuérdenme en las suyas.
Quien os ama y reza por vosotros
Mons. Youhanna