¿Quién es el teólogo?
Archimandrita Boulos Yazigi
Decano de la Facultad de Teología
(Sermón dado con motivo del inicio del año académico
1998-99)
Para responder a esta desafiante y dificil pregunta, quisiera contarles primero la siguiente historia.
Tres estudiantes de la facultad de teología de Tesalónica visitaron el Monte Atos con el deseo de entrevistar a un monje. Despues de darles la bienvenida, el monje les preguntó: “¿Quiénes son ustedes?” y ellos respondieron: “Somos teólogos”. Asombrado, les preguntó de nuevo: Yo sé que en la Iglesia tenemos tres teólogos ¿es que acaso ahora son seis?
Así, partiendo desde este relato podemos preguntarnos quién es el teólogo, cuál es su rol hoy y porqué nuestra Iglesia necesita teólogos.
La palabra teología (theologia) quiere decir en su significado original “el discurso a cerca de Dios”. Pero este discurso consiste de dos tipos diferentes, el primero es el discurso exterior, es decir todo aquello que se expresa con palabras, mientras que el segundo es el discurso interior, es decir la experiencia que uno siente en su interior.
De aquí que la teología nos guíe a conocer las cosas divinas a través de dos medios: el primero consiste en adquirir conocimiento y el segundo, el cual es el objetivo del primero, consiste en experimentar el poder y la gracia divinos. Y este es entonces el conocimiento perfecto de la verdad divina.
La palabra teología era ya conocida antes del cristianismo. Para Platón esta palabra significaba aquella ciencia que da una imagen clara de Dios en su gran ciudad. Después de Platón esta palabra fue usada extensamente en la filosofía y algunos poetas como Homero eran llamados teólogos porque componían poesía a cerca de Dios.
Y es sabido que hasta los tiempos de los grandes apologistas del cristianismo, la iglesia permaneció muy reservada y cuidadosa en cuanto al uso de esta y de otra palabra, la “filosofía”. Justino Martir y Atenágoras utilizaban esta palabra sólo para darle su significado único dentro del vocabulario cristiano. Posteriormente, con los padres Alexandrinos el uso de ambos términos (teología y filosofía) pasó a ser popular en el cristianismo.
Así, la palabra teología no está restringida por un determinado método científico del conocimiento, aun cuando, a veces, haya sido usada con tal sigificado. La teolgía es, sin embargo, mucho mas amplia. Puede ser definida como el medio para acercarce y unirse a Dios. De aquí que muchos padres de la literatura cristiana hayan definido la teología como una experiencia espiritual. Esto nos recuerda, por ejemplo, a Gregorio de Nisa que dijo: “El teólogo es el orante”.
Evagrio de Ponto define el cristianismo como “la doctrina y la fe en nuestro Señor Jesucristo que se divide en tres partes: la parte práctica es la primera, la parte natural la segunda y el camino teológico la tercera.”
Con la parte práctica quiere señalar el ejercicio ascético que purifica el alma, con la natural, el método científico que purifica la mente, y con la teológica, el verdadero conocimiento o la verdad de las cosas.
En otras palabras, la parte práctica tiene que ver con la vida moral, la natural concierne el conocimiento científico, religioso y metodológico. La parte teológica implica, por su parte, la experiencia espiritual interior.
Lo característico y maravilloso de la teología reside en que es la unica ciencia empírica que se ocupa del ser no creado y de la gracia no creada. Es la ciencia que permite experimentar lo inexperimentable para la creación.
Por ello, el misterio de la experiencia teológica y del verdadero conocimiento teológico se basa en el misterio de la gracia divina ya que la teología resulta de la comunión entre yo (un ser humano) y Él (la divinidad).
Los troparios para los Santos Justos hablan a cerca del conocimiento divino y de la contemplación divina, así por ej.: “… por tus ayunos, vigilias y oraciones, recibiste los dones celestiales.”
Este es el camino práctico y ascético que nos lleva a recibir la gracia que nos hace ver y percibir a Dios, contemplarlo mientras cantamos otro tropario: “A través de tu obra encontraste un camino para contemplar a Dios (theoria) …”
Ayunar no significa solamente privación exterior y retiro sino más bien el trabajo duro que purifica el cuerpo, convertiéndolo en un recipiente del espíritu. Las vigilas, por su parte, nos invitan a la contemplación de la Palabra Divina y a la concentración de la mente (nous) en el mundo divino. Finalmente, las oraciones tienen el fin de llevar al alma a anhelar a Dios.
Si esto es la teología, ¿cómo debemos entonces ser nosotros, los teólogos?
Si decimos que la ciencia teológica es simplemente el ejercicio de unificarnos con Dios y que sus disciplinas son formas diferentes de llevar a cabo esto, entonces el teólogo es aquél que está unificado con Dios, o mejor aún, aquél que está entrenado en esta ciencia.
La uinificación con Dios es sinónimo de la deificación, la cual es el proposito de la creación de la humanidad. Estar deificado es el resultado natural y el fruto de la creación del ser humano a imagen y semejanza de Dios. El proceso de la deificación es la actividad del hombre que anhela siempre ser a imagen de Dios.
Después de la caida y el fracaso del hombre en tratar de retornar a Dios, Dios mismo se hizo hombre. Así, en lugar de la deificación de Adán, se dio a lugar la encarnación de Cristo.
Cristo, el “Dios-Hombre”, no es sólo un ejemplo para nosotros sino que ademas Él es el principio. Su vida, resurrección, ascención, etc., no son sus propios asuntos personales sino que ellos anuncian este nuevo mundo y esta nueva creación. Cristo “Dios-Hombre” proclama que la Iglesia sea el “cielo” del mundo, o el nuevo mundo.
¿Y quién es el teológo a todo esto?
Él es el sacerdote que transforma el mundo en una iglesia. En otras palabras, él es el artista del arte de cristianizar el mundo. El teólogo es un hombre calificado cuya pericia consiste en formar a los cristianos de Dios.
Los teólogos son aquellos que quieren dar a la encarnación de Cristo, el Hijo de Dios, su verdadero valor. Esto significa reconocer a Dios como progenitor en un mundo que ora recuerda y otrora olvida a Dios.
El teólogo no es el maestro de una religión, aún cuando la enseñe.
La imagen del teólogo ideal es la Virgen María y después de ella, los santos. El Damasceno fue la lira en la cual el Espíritu tocó sus melodías divinas. Esas melodias encarnan la Palabra de Dios en el hombre, llevándolo a vivir la vida cristiana en nuestro mundo.
Siendo teólogos tenemos que cumplir con esta noble misión en un mundo que deforma al hombre y que, en lugar de cristianizarlo, lo lleva lejos de Dios.
Puede ser que el origen del hombre sean los simios, como puede ser que no. Da igual. Lo importante es que el destino del hombre no lo lleve a ser un simio.
Dejemos que la ciencia descubra el pasado, nosotros tomamos la responsabilidad de realizar el futuro. Y aún cuando la responsabilidad sea grande, recordemos las palabras del Pastor: “No temas, pequeño rebaño.”
Con esta misión cargaremos mañana el Santo Cáliz como el arbusto ardiente que no se consume. Por ella nos pararemos a predicar desde el santo altar frente a la luz y a la gloria divinas, sin portar la vestidura de la dignidad pero cubiertos con la de la humildad, esperando que la gracia nos oriente y que la gloria nos revista.
Nosotros somos los amigos de los ángeles que armonizamos con las multitudes celestiales. Somos, simplemente, las columnas del templo, los lectores del Libro de los libros, los amantes de las bellas melodías, los buscadores del conocimiento verdadero y los oyentes atentos de la Palabra Divina.
Frente a esta realidad, la negligencia de un teólogo debe ser considerada como un gran crimen en contra de esta vocación, nuesta vocación de pertenecer a Dios y de evangelizar. La indiferencia es un gran error, la duda un gran desperdicio y una pérdida, el amor a las cosas inferiores de este mundo un adulterio y la insensiblidad a la responsabilidad confiada es un suicidio lento.
Teniendo esta responsabilidad se hace necesario luchar espiritualmente a través de vigilias, ayunos y oraciones, haciendo un trabajo duro y anhelando a Dios. Esta es la manera de atraer hacia nosotros la gracia divina y el divino maná que nos deifica y nos transforma.
Y al final, la obra del teólogo es la “transfiguración”, es decir, la transifguración del Dios-Hombre en cada ser humano. Es hacer que cada hombre se deifique por la gracia.
Los invito a que nosotros los teólogos trabajemos en todo momento por nuestros medios y por los de la gracia que coopera con nosotros. Llamemos y aquellos que están a las puertas, nos abrirán.
El teólogo es otro Bautista y Precursor de Cristo, una lámpara y un lucero para todas las almas. El teólogo es efectivamente un espejo que refleja la luz divina. Si él no recibió la gracia, no podrá transmitir su luz.
El teólogo es aquél que traza líneas y palabras y que exprime de páginas y libros el agua que bebió la Samaritana para que los rios de agua viva sigan corriendo hacia sus hermanos y hermanas.
El teólogo es el hijo del templo y del mundo que adora. En su adoración él entra a un “sábado santo” donde Dios descansa.
El teólogo ha nacido en el octavo día, no para escapar de esta vida sino para revelar el tiempo del Reino en este tiempo terreno.
“Este es el tiempo en que se harán las obras del Señor”. Este verso bendito conoce otra forma que lo hace más entendible: “Este es el tiempo en el que el Señor obrará” a través de nosotros.
Este es un tiempo de lucha. Es un tiempo bendito. Bendito sea el que viene en el nombre del Señor.
Amén.